Maniquíes realistas, reflejos de una sociedad

Los maniquíes realistas son el reflejo de una sociedad que de a poco empieza a mirar al otro directamente a los ojos y ya no le importa tanto la forma de su silueta. También ponen el cuerpo como símbolo de libertad bajo la concepción de que cada uno tiene el poder de diseñarse a sí mismo. Si lo pensamos, de seguir por este camino, la idea de que los maniquíes se vuelvan cada vez más inclusivos y diversos, parecidos a las personas que van a comparar lo que exhiben, parecería ser una buena vidriera para mostrar.

La historia de los maniquíes se retorna al Antiguo Egipto. Durante la excavación de la tumba de Tutankamón, un grupo de personas que se divertía buscando antigüedades y reconstruyendo la cultura encontró una estatua que habría sido usada para exhibir joyas. Por lo que se ve en las fotos, era bastante parecida a la imagen del faraón verdadero.

Hoy, después de varios siglos, ya no hace falta descubrir una pirámide para encontrarnos con “una figura humana usada para la exhibición” (así define la RAE al “maniquí”). Los maniquíes están en cualquier local, detrás de un vidrio, quietos, fríos y muy poco parecidos a las personas que pasamos a su lado mirando la ropa que tienen puesta hoy. A pesar de eso, son un fenómeno expresivo que refleja los gustos individuales y los estereotipos sociales del momento.

Los maniquíes realistas se diferencia de los tradicionales porque reflejan a las personas reales que transitan las calles y muestran la diversidad de nuestra sociedad.

Se parecen a cualquiera de nosotros, vienen de todas formas y tamaño, y hasta parecieran engendrar su propia personalidad. Hay marcas conocidas que los eligen como símbolos de protesta, otras los diseñan para recrear una imagen popular. Así lo que buscan es acercarse a los clientes de manera personalizada, pero también ponen en cuestionamiento los estereotipos tradicionales de la industria de la moda.

Como fenómeno cultural, los maniquíes realistas son consecuencia de una sociedad cada vez más individualista en la que las personas buscamos diseñar nuestra vida como nos guste y en libertad. Como parte de la industria de la moda, son íconos del modelo just in time que diseña los productos sobre la marcha y de forma más personalizada. Las palabras de Lipovetzky, un sociólogo que estudia la sociedad posmoderna, son muy claras: “el look funciona a la carta de la persona individual”, es decir, cada uno quiere comprar lo que le gusta y le exige a la industria que lo tenga. Así, la persona se diseña a sí misma y busca crear un yo irrepetible. Los maniquíes realistas capturan eso y nos interpelan haciendo que nos identifiquemos con un semejante artificial en la vidriera.

Estos maniquíes también liberan viejos tabúes y muestran un cambio en las relaciones entre las personas. Marcas como Pro Infirmis y JCPenney construyeron algunos que muestran discapacidades motoras; y Ahlens diseñó otros que se apartan del ideal del cuerpo esbelto y delgado que muy pocos tienen. La industria también capta esto con el “marketing de la solidaridad” y empezó a posicionar sus productos sobre una base moral. Lo que intenta vender es la idea de que la diversidad es algo bueno y enriquecedor para todos. Las imágenes muestran al otro en su singularidad y lo presentan en torno al respeto y la comprensión, lo diferente ya no aparece como una amenaza, sino como algo que progresivamente se va identificando de manera positiva.    

Por último, los maniquíes realistas también son íconos de una nueva belleza. Los de American Apparel suelen ser polémicos por sus mensajes sociales, en 2014 aparecieron con cuerpos femeninos sin depilar y órganos sexuales exagerados. Cerca del día de San Valentín la marca buscó llamar la atención de las mujeres de hoy, más independientes, que exigen la igualdad de género y que discuten la idea impuesta por los estereotipos sociales de que solo son valiosas si son lindas. También hay tiendas de productos genéricos con maniquíes a los que parece que les operaron las lolas o tienen la cola más parada de lo normal. Estos maniquíes muestran la transformación del cuerpo en una especie de templo de la autonomía personal: mi cuerpo es mío y por eso yo puedo diseñarlo a mi medida.

 

 

 

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