El resto es historia

Aunque comenzamos a publicar recién hace dos meses, Mandarina en realidad nació en el 2014 en una charla entre personas que apenas se conocían. Los que hoy forman el equipo fundador del proyecto en un principio eran una combinación un poco rara entre conocidos que a primera vista parecían no tener mucho en común.

Aunque todos tenemos más o menos la misma edad, no éramos amigos. Todos estudiamos carreras diferentes, nos movemos en círculos distintos y tenemos intereses divergentes. Sin embargo, había algo que nos unía: el sentimiento cada vez más fuerte de que teníamos algo para decir. Nos dimos cuenta de esto casi por accidente, charlando por educación con gente en esas reuniones llenas de ‘los amigos de tus amigos’. En un momento uno de nosotros expresó su frustración ante no encontrar un lugar donde expresarse y leer temas que le interesaban. Admitió que siempre tuvo el sueño de armar una revista donde pudiese hablar de cosas que en otro lado son ignoradas, y ahí algo mágico ocurrió. El resto respondió “yo también”, y a partir de ese momento se desencadenó un proceso que nunca más se pudo frenar.

No fue fácil empezar Mandarina. Horarios que no coincidían, encuentros con personas que todavía uno no conocía a fondo, problemas burocráticos y administrativos, e incluso inseguridades propias de cada uno de nosotros nos dificultaron el camino. Sin embargo seguimos, porque lo que ocurrió entre nosotros esa noche en 2014 generó algo que no se podía borrar. Hubo en ese instante un compartir, un individuo presentándose con honestidad ante otros, una anécdota personal saliendo a la luz por primera vez. Hubo un deseo puesto en común, hubo una historia.

Ante todas las dificultades que se nos presentaron y se siguen presentando en este proyecto, está el conocimiento de que así como una historia nos unió a todos bajo un propósito, hay muchísimas otras historias que pueden tener un efecto como este sobre otros.

La creencia en el poder de la historia se encuentra en el corazón de Mandarina. Creemos que el simple hecho de contar una historia sobre uno tiene efectos mucho más profundos de lo que somos conscientes. Compartir una historia es compartir con el resto un pedacito de uno, es dejar al descubierto algo nuestro que para otros tal vez estaba en completa oscuridad. Creemos que esta acción, la de compartir, nos une porque nos deja ver que incluso en el hablar sobre nuestra individualidad, siempre vamos a poder encontrar algo que es parte de una experiencia colectiva, algo con lo que otros se pueden identificar.

Nuestra propuesta es sencilla. Queremos que Mandarina sea una comunidad. Queremos que todo aquel que crea que tiene algo para compartir pueda usar el espacio para hacerlo circular. Queremos ver opiniones distintas, posturas que chocan. Es cierto, queremos crear un espacio de intercambio y debate, pero especialmente queremos generar un lugar donde todos, más allá de nuestras prejuicios, más allá de nuestras diferencias, también nos podamos verdaderamente encontrar.

Si querés escribir con nosotros o te interesa ilustrar alguna de nuestras notas, mandanos un mail a larevistamandarina@gmail.com. 

¡Gracias nuevamente a la genia de Mariana Barreto por la foto! Mirá más en su Flickr y Facebook.

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