Los mensajes que no inspiran

Mi preocupación en estos últimos años no solo fue la facultad o conseguir un trabajo estable. Preguntas como ¿quién soy?, ¿qué quiero hacer? comenzaron a aparecer. Para mi tranquilidad, la gente que está a mi alrededor y de mi edad sufre la misma preocupación. A veces me es un alivio saber que no soy la única y que es una parte infaltable en la vida de alguien que está transitando la adultez temprana. Pero no siempre esto es tan alentador, supone la presión de pensar: “okey, si yo me estoy planteando esto y ellos también, esto debe ser una parte fundamental de la vida misma en la que tengo que sentarme y ver quién quiero ser realmente. Genial, entonces sólo tengo que preguntármelo y responder: ¿Quién quiero ser realmente?” y la respuesta no llega.

Es difícil contestar estas preguntas, aún si en los momentos en que te atacan  -la mayoría de las veces inesperados- estás haciendo algo que siempre creíste que amabas. Otra vez. ¿Qué hacemos? Y bueno, abrimos Facebook como para distraernos un poco, porque o nunca es buen momento para sentarnos a pensar en cuestiones tan existenciales o simplemente estamos exagerando, nuestra vida es genial. Pero al abrir las redes sociales nos encontramos casi por causalidad -y no casualidad- esas típicas imágenes con gente en playas paradisíacas, o en capitales del mundo, o rescatando las ballenas con mensajes como “si no tienes nada por lo que morir, estás viviendo a medias”, “ama lo que haces”, “no hagas nada que no te apasione”. Stop.

En un principio uno se auto-consuela diciéndose que a lo mejor todavía no encontró eso que le quitara el sueño, pero después de intentar conocer diferentes lugares, diferente gente, música nueva o cambiar la rutina, tal vez uno siga con esa incertidumbre de si lo que está haciendo es lo que uno realmente quiere hacer.

“El camino a la felicidad es hacer lo que verdaderamente te apasiona”, “La felicidad es una ELECCIÓN”. Fantástico, resulta que durante toda nuestra vida nos dijeron qué hacer, cómo, cuándo y dónde y ahora, además de todo eso, tenemos que decidir quién ser y qué hacer. Porque si elijo mal pierdo tiempo, plata y OBVIAMENTE voy a ser una infeliz toda mi vida porque leí de una imagen de Facebook que uno tiene que amar lo que hace porque ese es el único camino a la felicidad.

Por supuesto que a ese alguien que comparte la imagen “inspiradora” ni se le cruza por la cabeza que gente como yo lee eso horrorizado y en seguida se pone a hacer una lista eterna con las cosas que le gusta hacer para ver si ahí está eso que en teoría tendría que apasionarme. (Ese es un tip que leí en internet justamente un día que me pasó, no siempre sirve, pero pueden intentarlo).

También están esos que te dicen que “te lo estás negando, lo que verdaderamente te gusta está frente a tu nariz y no lo queres ver”. Sin poder comprender lo difícil que es ver que lo que soñaste en algún momento se vea cuestionado de la nada un día o en una situación cualquiera habiendo depositado muchas expectativas sobre eso.

Fluctúo en estos momentos entre el optimismo de creer que esta sensación es pasajera porque ya encontré lo que quiero y que, si no lo es, ya lo voy a encontrar. Y el fatalismo de creer que es uno el que tiene la culpa porque no invierte el suficiente tiempo para encontrarlo pero sí lo hace en actividades o pensamientos superfluos.

Creo fervientemente en que, por las dudas, uno tiene que salir y hacer todas las cosas de la lista  “cosas que me copan” y también las de la lista “cosas que quiero hacer hace un trillón de años y nunca me animo” (esa es otra, también pruebenlá, se van a sorprender de la cantidad de cosas que queremos probar pero no nos animamos). Y no estar pendiente de si “esto” ES.

Tal vez no tan extensa como la lista, pero nuestras pasiones pueden ser varias y, en vez de encerrarnos en una sola cosa, deberíamos esforzarnos por hacerlas todas. Además de que la evolución personal es real, y puede que lo que te gustaba el año pasado hoy no te guste e incluso no entiendas cómo lo hiciste, pero eso no sólo es positivo sino que es parte de crecer y madurar y de todas esas cosas a las que Peter Pan nos hizo temer.    

Hay que obviar los mensajes conspiradores -para nada inspiradores- de las redes sociales y dejarse caer en las crisis momentáneas cada tanto. En el éxtasis de la felicidad uno no se plantea cosas nuevas, no es sino cuando nos sentimos inseguros que buscamos otras alternativas para estar mejor. Lo único que nos puede dejar tranquilos a quienes estamos buscando nuestro norte es el hecho de, al menos, lo estamos buscando. Tal vez hoy no “amamos lo que hacemos”, pero tal vez mañana sí, o capaz hoy también lo hacemos, pero tenemos que ver otras cosas antes de confirmarlo, y tal vez de eso se trata.

 

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